Martes, 09 Mayo 2017 17:23

Es hora de formar una generación nueva, llena de ilusiones y metas

Franco Nembrini. /Foto: Cortesía. Franco Nembrini. /Foto: Cortesía.

A pesar de constituir el ‘modelo’ más importante y fuerte para los hijos en su proceso de formación y en toda su vida, muchos padres han olvidado esta responsabilidad y, lo peor, no logran trasmitir esperanza, sueños e ilusiones.

Así lo considera el pedagogo italiano Franco Nembrini, quien estuvo la semana pasada de visita en Colombia, presentando su libro ‘He visto educar. De la familia a la escuela’. En su concepto, “hablar de crisis o de emergencia educativa y de valores hoy es hablar también de una generación de padres que perdieron la fe y la esperanza, que se olvidaron de que sus hijos los miraban todo el tiempo y que no supieron hacerles ver la grandeza del mundo y la necesidad de luchar por los sueños”.

Coincide con esta apreciación la doctora Lucía Vargas Posada, psicóloga infantil y de familia para quien hay otro problema serio y es que, además de lo anterior, “muchas veces, los padres delegan esa valiosa responsabilidad educativa de los primeros años de vida del niño y piensan que los profesores, familiares y empleadas del servicio deben hacerlo y llegan a culparlos, por ejemplo, de los comportamientos inadecuados del niño, cuando la realidad es que él imita más a sus padres que a otras personas”.

Así, agrega la doctora Vargas Posada, “terminan exigiendo veracidad, honestidad, responsabilidad y muchas otras cosas, cuando en la práctica, ellos mismos fallan en todos estos aspectos. Los niños se ven así sometidos a mensajes contradictorios entre las pautas del medio escolar y lo que viven en el hogar, lo cual va dejando huella y la tendencia a una doble moral”.

Que sean verdaderos líderes

“Los hijos nacen como Dios manda, igual que hemos venido nosotros, nuestros abuelos, todos los hombres; pero necesitan de una gran esperanza para llegar a ser grandes. Nos miran siempre, nos buscan siempre”, afirma el experto italiano Franco Nembrini, durante una charla que dictó en el Auditorio del Gimnasio Alessandro Volta, en Bogotá.

El problema está en que padres y educadores de hoy no se comunican y además tienen miedo de educar, piensan que las nuevas generaciones son inmanejables y no saben qué hacer.

En otros, casos, dice la doctora Lucía, “los padres han dejado de ser los líderes positivos que guían y en su afán de volverse ‘amigos’ de los hijos, van perdiendo autoridad. Para los niños no es bueno sentir que sus padres se convierten en sus amigos. Los padres pueden ser amigables pero no pueden abandonar su rol y ubicarse de igual a igual, porque así se pierde el respeto y vienen consecuencias tales como la desobediencia, la falta de normas y límites básicos, la indisciplina y el deseo de imponer sus decisiones por encima de la lógica y lo esperado por sus padres”.

Por eso, el pedagogo italiano invita a todos los padres a entender que cualquiera que sea su profesión, está ligada con la educación: “hagas lo que hagas, tú educas. Todos educamos. Incluso sin la presencia física se puede educar; siempre mandas un mensaje; es una gran responsabilidad”.

Pero, educar bien requiere de no tener miedo; es, dentro de todas las posibilidades, la peor que tenemos, “porque el miedo destruye la educación”, puntualiza, a la vez que recuerda diferencias generacionales, según las cuales “nosotros, cuando tuvimos 14, 15, 20 años, también decíamos que el mundo, la familia, los amigos, la sociedad, la iglesia daban asco, pero también pensábamos que éramos capaces de cambiar el mundo, teníamos ímpetu, responsabilidad. La generación actual dice lo mismo, pero también piensa ‘yo también doy asco’ y por eso se hacen daño. Nosotros también salíamos para divertirnos, nos emborrachábamos, pero era evidente que era una estupidez. Hoy, ellos salen para estar mal, lo saben, lo deciden, lo programan, y salen con este fin; es una generación que no se estima, que se castiga y parece que no quiere vivir, que no tiene suficientes razones para vivir y creo que esa respuesta nos tiene que hacer temblar”, señala firmemente el pedagogo italiano.

“Esta violencia contra sí mismo es hija de la tristeza que viven, y esta tristeza la que viven estos chicos es hija de nuestra tristeza”, agrega.

En su concepto, la solución no es regañarlos siempre, sino acompañarlos y orientarlos; es dejarlos que vuelen, pero “si tu hijo no te ve volar, no querrá volar. Es la dinámica educativa fundamental. Ellos despiertan su corazón y su deseo de volar, cuando ven a sus adultos, padres y educadores, que vuelan”.

Finalmente, los expertos piden a los padres asumir su papel y perder el miedo a equivocarse, a llamar la atención, sancionar y poner límites claros como parte de su labor educativa.