Miércoles, 12 Junio 2019 01:16

FINCAS AGRÍCOLAS SOSTENIBLES: EL FUTURO DE LOS CAMPESINOS EN EL SUR DEL META

 

Rodrigo Holguín y su familia (mamá, esposa y nueve hijos) vivían entre los límites de San Juan de Arama y Vistahermosa, municipios del Sur del Meta.

Donde estaba ubicada su finca, en la parte alta de la cordillera, cada día las balas y los muertos aumentaban por cuenta del conflicto armado. “Para que mis hijos no cogieran ese camino de la guerra yo me vine a Mesetas. Nos recibieron bien. Aunque aquí también había bala; era menos que allá arriba” cuenta Holguín.

Ahora Rodrigo es uno de los 18 campesinos de la vereda San Antonio del municipio de Mesetas, en el Sur del Meta, que recientemente recibieron material vegetal en el marco del proyecto Macarena Sostenible con Más Capacidad para la Paz - Mascapaz del Fondo Europeo para la Paz.

Su finca: Los Mangos, ubicada a 12 kilómetros de la cabecera municipal, podrá dentro de un par de años denominarse una finca agrícola sostenible que permitirá incrementar la seguridad alimentaria y la calidad de vida de su familia.

Los modelos productivos sostenibles se adaptan a las condiciones ambientales de la Sierra de la Macarena. El Modelo Agrosilvopastoril, por ejemplo, busca mejorar el sistema ganadero tradicional con una mejor utilización de los recursos ambientales, disminuyendo el área de pastos y por consiguiente evitando nuevas tumbas de bosque primario.

Por su parte, el Modelo Agrícola Sostenible enriquece los cultivos como el maíz, la yuca, plátano u otros frutales con especies maderables nativas y con la sustitución de abonos químicos y pesticidas con biopreparados a base de microorganismos benéficos y suplementos, además se incorpora la producción apícola y piscícola para mejorar la importancia ecológica, la soberanía alimentaria y la rentabilidad de la producción campesina.

La fortaleza de los modelos productivos propuestos por el Instituto SINCHI radica en la importancia del árbol como un elemento fundamental de la unidad productiva, no solamente por su importancia ecológica, sino como un complemento productivo del sistema finca, ya que puede generar ingresos importantes al incorporarlo dentro de los modelos tradicionales”, afirma Manuel Javier Fierro, coordinador general del proyecto Mascapaz del Fondo Europeo para la Paz.

Durante semanas profesionales técnicos y expertos locales del Proyecto visitaron finca a finca a los beneficiarios en los municipios de Vistahermosa, San Juan de Arama, Puerto Rico y Mesetas, que fueron seleccionados por la misma comunidad; y como resultado del análisis de su territorio lograron acoplarse al Modelo Agrícola Sostenible desarrollado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI, ejecutor del Proyecto.

“Seleccionamos estas especies en conjunto con los campesinos de la región. A partir de charlas y talleres descubrimos su vocación y el gusto por sus cultivos. Esta es una producción escalonada, más adelante vienen los árboles maderables que son los que tendrán producción a largo plazo”, explica Robinson Guerrero, profesional técnico de la Corporación por la Defensa Ambiental y el Desarrollo Sostenible del AMEM (Corpoamem) y aliado del proyecto Mascapaz.

Rodrigo, por ejemplo, recibió árboles de naranja tangelo, limón tahití y aguacate que tendrán producción máximo 4 años en su finca Los Mangos, si él sigue las instrucciones de los técnicos que lo visitarán en los próximos meses, “sí, ahora vienen las siembras. Estamos agradecidos porque han traído este conocimiento y este proyecto a la región. Quisiera que esto se siguiera dando en otros municipios. Es algo que nos va a beneficiar mucho, esto no se había visto en la región”, afirma.


‘LA MEJOR VIDA ESTÁ EN EL CAMPO’

Idalí Tapiero Conde vive en la vereda La Argentina, municipio de Mesetas. Es madre soltera de cinco hijos, que hoy aran la tierra de su finca El Recuerdo. Su esposo fue asesinado durante la temporada del conflicto en la zona. A Idalí le llorosean los ojos cuando menciona el suceso, no le gusta hablar del tema; el recuerdo duele.

“Lo que nos pasó fue muy duro, yo estuve a punto de botar la toalla pero me armé de valor y seguí adelante. Me hizo quedarme mi tierra para trabajar, si vendía o dejaba tirado más adelante estaba en nada, antes peor, porque me hubiera tocado jornalear. No hay como lo propio”, dice.

Idalí, pasa por encima sus lágrimas y se limpia el rostro para contar que ahora siembra café, aguacate, plátano, que tiene un par de vacas lecheras, unas gallinas ponedoras y una huerta casera con la que se alimenta toda familia. Además, afirma que con la entrega del material vegetal, “las cosas no van a ser tan duras porque ya tenemos de qué depender. Sé que se demoran 3 años pero yo las voy a cuidar, a abonar, a estar pendiente y estoy dispuesta porque toda mi vida ha sido el campo y aquí sigo luchando en el campo. La mejor vida está en el campo, en la ciudad todo es plata”.

En los próximos días Idalí y Rodrigo recibirán pequeños equipos y materiales para la implementación de los modelos; alambre, cercas eléctricas, sistemas de energía solar, abastecimiento de agua, bancos de proteína, mejoramiento de pasturas, abonos verdes y control biológico de plagas.

El proyecto Mascapaz beneficiará de manera directa a 585 familias del Sur del Meta y de manera indirecta a otras 2.615. Se trata de un proceso colectivo que tiene por objetivo mejorar los ingresos de las economías locales campesinas  y que dará sus frutos en una tierra que se proyecta a salir avante tras los embates de la guerra.