Martes, 11 Junio 2019 16:28

34 días de productividad al año pierde una persona residente en Bogotá metido entre trancones

Diariamente los bogotanos deben transcurrir buena parte de su vida metidos dentro de sus carros o buses, producto de los monumentales trancones viales que se registran en las distintas vías capitalinas. Diariamente los bogotanos deben transcurrir buena parte de su vida metidos dentro de sus carros o buses, producto de los monumentales trancones viales que se registran en las distintas vías capitalinas.

Todos los expertos sobre movilidad en la capital colombiana hablan desde hace décadas sobre la necesidad de mejorar la circulación de vehículos, pero hasta ahora ninguna fórmula anunciada o propuesta se ha aplicado y por el contrario cada día que pasa son más los vehículos que se observan en los gigantescos trancones que se arman en las diferentes avenidas y calles de la ciudad.

Mientras que en Colombia se debate y discute fórmulas para tratar de mejorar su productividad y con ello tener más competitividad en los mercados internacionales dentro de una economía globalizada, Bogotá tiene el no destacable y honroso honor de ser la ciudad donde una persona pierde más tiempo de su capacidad productiva y de descanso metido entre grandes y monstruosos trancones.

Dentro del indicador de pérdida de tiempo por los trancones, la capital colombiana supera a otras ciudades del mismo tamaño poblacional o más grandes como ciudad de México -que junto con su zona metropolitana suma una población de 21 millones de personas y es una de las más contaminadas del mundo-.

También deja atrás a capitales como Roma, Dublín, París, Río de Janeiro, San Paulo y Londres, entre otras.

Un problema de décadas

Las causas que originan los monumentales trancones que a diario se arman en la capital colombiana están diagnosticados desde hace varios años o mejor décadas, pero sus soluciones no se ven venir por diferentes motivos, entre ellos la envidia con la que se han ejercido los diferentes gobiernos y que hacen que proyectos que al parecer iban a comenzar a marchar se truncan cuando llega el nuevo mandatario, quien los desecha e inicia nuevos estudios para su ejecución.

En eso es lo que han pasado década tras década y las obras no se ven porque no se ejecutan o tardan mucho tiempo en su ejecución.

Envidias o corrupción

Lo cierto es que son muchas las propuestas que se formulan para disminuir los trancones, pero lo lamentable es que ninguna de ellas se ejecutan digamos que por envidias entre los gobernantes o por hechos de corrupción de estos con los contratistas como sucedió con el trabajo de mejorar la calle 26 o el deprimido de la 94, el cual tardo casi 15 años para su ejecución y su costo casi se triplico.

Para los dos casos son innumerables los ejemplos que hay en materia de movilidad como por ejemplo la solución a través del metro, tema en el que los bogotanos han gastado ríos de saliva discutiendo y debatiendo, es decir que hablan, hablan y hablan pero no pasan de ahí.

Y esta es la hora en que no se sabe si el metro va ir a nivel del suelo, va hacer elevado o será subterráneo.

Y ello se agrava por cuanto el actual alcalde bogotano, Enrique Peñalosa, esta de salida y no se sabe quien gane la elección de octubre venidero y menos si el que triunfe siga con el proyecto del metro elevado o por el contrario regresa al subterráneo o quizás trae o llegue con su propia fórmula y trazado, como lo hizo Peñalosa con el estudio efectuado por la administración de Gustavo Petro, quien a su vez realizó lo mismo con otros proyectos sobre metro que venían avanzando y los freno para meter el suyo.

Trancón en crecimiento

Lo que si es cierto es que se ha gastado montones de millones de dólares en los distintos estudios que se han mandado a hacer para ejecutar el metro y no se pasa de ahí y lo mejor del cuento es que el trancón sigue ahí y en cambio de disminuir su camino es a crecer.

Y crecen por que día a día son más grandes –por el ingreso de nuevos vehículos- y a ello se suma otros hechos como por ejemplo la no planificación de nuevas vías para mejorar la movilidad.

Y el caso muy esencialmente es que los colombianos no sabemos conducir o mejor nos creemos los dueños de las vías y de las vidas de los demás y conducimos en línea recta sino que vamos en zigzag, adelantando a los otros autos sin importar la vida de quienes van en ese vehículo que se adelanta y menos como se adelanta.  

272 horas pérdidas o desperdiciadas

Según un estudio de la empresa especializada INRIX Global Traffic Scorecard, el tiempo que pasa una persona en los diferentes trancones suman 272 horas al año, periodo que se pierde al estar encerrado dentro de un vehículo.

Eso hace que el nivel del rendimiento de la productividad de un trabajador colombiano disminuya y con ello caiga su ámbito de competitividad.

Traducido en pesos, moneda local, al año el bogotano pierde porque deja de producir 303.642,57 pesos (alrededor de 100 dólares) producto de los trancones, los que hacen que las personas pierdan vida útil de trabajo que convertidos a jornadas laborales o de productividad equivalen a 34 días de ocho horas cada uno, pero si se toman de 24 horas suman 11,3 días por año.

Y son pérdidas de tiempo por cuanto esas 272 horas los bogotanos se las pasan entre los grandes e interminables trancones y que tienen que soportar por lo menos dos veces al día, uno en la mañana para ir al trabajo y otro en la tarde y noche de regreso a su lugar de residencia.

Colombia y otros 37 países

El estudio, que incluye datos de 38 países en los que se analizó el comportamiento vehicular en casi 200 ciudades, ubica en el ‘honroso’ primer lugar de perdida de tiempo a la capital colombiana. Bogotá esta por encima de Roma donde la persona pierda al año 254 horas; Dublín con 246 horas perdidas; París 237 y Londres 227.

En el ámbito latinoamericano Bogotá está muy por encima de ciudades con alta congestión vial como Ciudad de México donde la persona pierde con 218 horas al año metido dentro de un vehículo, o Río de Janeiro donde se pierde al año 199 horas o Sao Paulo donde esa pérdida es de 154 horas. 

Pero cuando la comparación se lleva a cabo dentro ciudades colombianas, la capital de la república de nuevo se ubica a la cabeza superando por una gran margen a Medellín donde la perdida de tiempo por año es de 138 horas y Cali donde la persona pierde 125 horas de las 8.760 que tiene el año.

Este panorama hace que los expertos que observan la necesidad de mejorar la competitividad de sus trabajadores, diseñen fórmulas reales y realizables de cómo disminuir esa pérdida de tiempo que una persona padece metido dentro de un enorme y monumental trancón.

No hay que olvidar que no solo se pierde o mejor disminuye la capacidad laboral, sino que también la persona se altera al ver como el tiempo pasa en forma apresurada y su avance hacía su lugar de trabajo no corre sino que va a paso de tortuga y eso le genera stress. Y eso es grave porque en lugar de ir a su trabajo puede terminar en una camilla de cualquier hospital.